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SÍNTOMAS
El ataque del oidio se inicia siempre en órganos jóvenes de la planta, hojas, brotes, inflorescencias y frutos.
Hojas: Aparecen manchas brillantes, luego se cubren de un polvillo grisáceo, en una o ambas caras, que se desprende fácilmente al frotarla con los dedos, quedando manchas de color castaño (tejido muerto). En ataques severos, se encrespan o abarquillan.
Brotes: manchas similares a la de la hojas aparecen en los brotes, dificultando la maduración. El ataque puede extenderse a las yemas, perjudicando la brotación.
Fruto: los daños son mas graves. Los granos se cubren de un polvillo blanco ceniciento que no impide en sus comienzos el desarrollo. Luego aparecen las "manchas de hollín". La piel detiene su crecimiento, la pulpa sigue creciendo, provocando el agrietamiento, dejando muchas veces la semilla al descubierto.
DAÑOS
Las hojas se deforman y se encrespan.
El daño mayor ocurre en los frutos que se resquebrajan, quedando agrietados o reducidos, verdes y agrios cuando no logran su crecimiento. Estas grietas pueden ser puertas de entrada para otra enfermedad, la "podredumbre gris".
CONTROL
En principio los tratamientos deben ser preventivos.
El numero de aplicaciones depende de la susceptibilidad varietal, las condiciones climáticas y el destino. Generalmente varían entre 3 y 7 aplicaciones.
Existen en el mercado, fungicidas preventivos y curativos para el control de oidio.
Se puede aplicar productos preventivos (azufre), y en caso de detectarse ataques, recurrir a curativos.
Se deben aplicar productos en polvo ya que las pulverizaciones manchan los frutos.
El uso repetitivo de fungicidas del grupo de los Triazoles, pueden inducir resistencia, por ello se deben alternar productos de otro grupo químico.
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